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Jaque a los paraísos fiscales

Singapur quiere aprovechar la fuga de capital de Suiza. Hong Kong ni aparece en la lista de la OCDE

03-07-2009 -

El escándalo de las prácticas fraudulentas del banco suizo UBS en Estados Unidos y el famoso listado de evasores fiscales en Liechtenstein, que fue primero robado y luego vendido a las autoridades alemanas, han abierto una brecha tremenda en la esencia misma de los paraísos fiscales de todo el mundo: el secreto bancario.

Quizás en cualquier otro momento las consecuencias habrían sido distintas, pero en medio de la crisis económica que sacude a todo el Planeta, la presión sobre las más de 40 jurisdicciones que están en jaque por ser el escondite de los flujos de la evasión fiscal, es ahora más asfixiante y coordinada que nunca.

A nadie escapa que ello acontece justo cuando los Estados más poderosos del mundo recurren al déficit público como antídoto frente a la crisis y, por tanto, se ven en la tesitura de tener que financiar como sea rescates bancarios, prestaciones sociales y planes de estímulo económico. Y, claro, detrás de los paraísos fiscales se oculta un auténtico dineral. Tax Justice Network, grupo de presión en defensa de la justicia fiscal universal, calcula que los fondos particulares offshore suman unos 11,5 billones de dólares (8,2 billones de euros), lo que supone una pérdida fiscal para los Estados de 250.000 millones de dólares anuales (178.000 millones de euros).

Entre esas jurisdicciones offshore, las asiáticas Singapur y Hong Kong son especialmente relevantes porque gracias a su seguridad y transparencia jurídicas, estabilidad política y reducida fiscalidad, han logrado convertirse en dos de los centros financieros más importantes del mundo. Sin embargo, la presión internacional llevó a las dos jurisdicciones asiáticas a anunciar su voluntad de cooperar en una materia que, en teoría, supondrá el levantamiento casi total de su secreto bancario: el intercambio de información fiscal.

Cambios legislativos

Pese a las reticencias iniciales, Singapur y Hong Kong han asegurado que a lo largo de este año realizarán los cambios legislativos que les permitan asumir los estándares que fija el artículo 26 del Modelo de Convenio Fiscal redactado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en materia de intercambio de información. Pero, pese a la supuesta voluntad política, Singapur estaría tratando de aprovechar la fuga de dinero de Suiza -que ha accedido a cooperar como precio por los errores y excesos de UBS en Estados Unidos- para captarlo hacia sus arcas.

"Está entrando mucho dinero de Suiza en Singapur. Los bancos ven una oportunidady están creando departamentos europeos y contratando gente para ellos", asegura a elEconomista un ejecutivo de un banco europeo en Singapur que prefiere mantener el anonimato. "El Gobierno singapurense se ha lanzado, con mucho éxito, a la caza de inversores europeos", insiste. Chee Soon Juan, disidente histórico y secretario general del Partido Democrático, coincide: "El Gobierno lleva años tratando de atraer, activa y deliberadamente, el dinero europeo", apunta a este diario.

Singapur enmendó su ley bancaria en el año 2001 para proteger todavía más el secreto bancario y tipificar multas que llegan a los 125.000 dólares (unos 90.000 de euros) y tres años de cárcel para los empleados que violen la confidencialidad. Únicamente acceden a cooperar excepcionalmente. "En la actualidad no se da ningún tipo de información. Sólo la dan cuando hay sospechas de blanqueo de dinero o actividades ilícitas", sostiene el anteriormente citado ejecutivo del sector en el país surasiático.

Singapur: el Mónaco asiático

Los expertos no albergan dudas de que el secreto singapurense ha sido clave para que ese país sea hoy el epicentro de la gestión de fortunas en ese lado del mundo. Gracias a ello, los activos del sector bancario se han multiplicado exponencialmente en la última década: de 150.000 millones de dólares (107.000 millones de euros) en 1998 a los 1,73 billones (1,23 billones de euros) a finales del año pasado. "Nuestro Producto Interior Bruto se ha disparado gracias a la entrada de todos esos miles de millones de dólares. Singapur pretende ser el Mónaco asiático, con sus casinos y su Gran Premio de Fórmula 1. Pero el modelo no es sostenible", advierte Chee Soon Juan.

Singapur, como los demás paraísos fiscales, ha negado siempre tal condición. Y hasta que estalló la crisis, la OCDE no presionó significativamente. "Pero ahora el G-20 nos ha creado un problema enorme", advierte.

Aunque las jurisdicciones offshore deberán ofrecer, antes de la cita de otoño del G-20, avances legislativos como prueba de su compromiso de aceptación de las reglas del juego, el Gobierno singapurense mantendrá un perfil bajo, según Chee Soon Juan. "No quieren asustar al inversor. Así que irán con cuidado con el mensaje que lanzan y tratarán de ganar tiempo", apunta.

Hong Kong atrae inversión

Por su parte, Hong Kong ha asegurado que adaptará este mismo año sus leyes a los requerimientos de la OCDE y la UE en materia de intercambio de información fiscal. Sorprendentemente, la ex-colonia nunca ha sido incluida -al contrario que Singapur- en la lista negra o gris de paraísos fiscales, pese a que, hasta la fecha, jamás ha accedido a cooperar, lo que resulta inaudito para algunos analistas consultados por este diario. Otros apuntan que mientras Singapur apuesta por un modelo basado en el secreto bancario y la gestión de fortunas, Hong Kong opta por atraer inversión.

Y, para ser atractivo fiscalmente, cerrar acuerdos de doble imposición con terceros países es clave."Hong Kong quiere ser la capital financiera de Asia y atraer inversión. Por tanto, quieren anticipar la próxima batalla: la competencia entre jurisdicciones fiscales", explica Felipe Palacios, responsable de la sección económica y comercial de la Comisión Europea en Hong Kong. Según este experto, va a haber muy poca simpatía por la opacidad fiscal. "El país que no coopere, se estrangula. Y Hong Kong tiene muy claro que el modelo basado en la opacidad fiscal se acaba", insiste.

En opinión de Elisabeth Thomson, presidenta de la empresa ICS Trust, el nuevo escenario que se vislumbra en el horizonte no afectará a la economía hongkonesa. "No dañará nuestra economía, pero empezará a cambiar la naturaleza de lo que Hong Kong es", apunta. Muchos creen, como Thomson, que es un error pensar que todas las compañías offshore evaden impuestos, ya que el principal activo de Hong Kong es que es un mercado regulado y fiable.

En cualquier caso, los países de la OCDE están a la espera de que Hong Kong, Singapur y otras jurisdicciones offshore se decidan a cumplir sus promesas. "En la cumbre del G-20 de otoño tendremos la oportunidad de ver qué han hecho y qué no. Han anunciado su pretensión de modificar sus legislaciones y estamos a la espera de que lo hagan", explica Nicholas Bray, responsable de comunicación de la OCDE.

Discreción tributaria

Pero, después la implementación del estándar de la OCDE a través de acuerdos de doble imposición -o similares- con terceros países, habrá que ver qué pasa en la práctica. A nadie escapa que algunos territorios reacios a cooperar (por los recursos que temen perder) pueden estar tentados a dilatar las negociaciones de los acuerdos de doble imposición bilaterales, cuando no a entorpecer el intercambio de información una vez los hayan firmado.

De entrada, el citado artículo 26 concede un margen a la discrecionalidad cuando ambiguamente señala que la información fiscal tiene que ser "previsiblemente relevante". Bray reconoce que "el término, desde luego, no es preciso". Tanto la prohibición expresa de las llamadas fishing expeditions (cacerías fiscales colectivas) como que las peticiones de información deban ser escritas, caso a caso y en respuesta a solicitudes específicas y justificadas, pueden obstaculizar el intercambio en la práctica.

"La implementación por cada jurisdicción de sus compromisos será observada y evaluada. Con las que no cumplan sus promesas, tendremos la oportunidad de responder apropiadamente. Algunos países contemplan medidas defensivas", zanja Bray. Con todo, apunta la OCDE que el fin es alcanzar un nivel de transparencia que, per se, desincentive la evasión fiscal.


Juan Pablo Cardenal/

El Economista


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